El desborde emocional sucede cuando no tienes la capacidad de desarrollar un proceso de autorregulación de tus propias emociones. Si es producto de la rabia, los estados psicofisiológicos se experimentan con mayor intensidad. En estos casos, el enojo, el furor, la agresión y la frustración forman parte de un conglomerado coyuntural que pueden conllevar al individuo, a un estado fisiológico más profundo, denominado secuestro amigdalar.
Para los individuos con tendencia a la violencia, el desborde emocional se presenta mediante la agresividad. Asimismo, en las personas pacíficas, que tienden a guardarse las emociones, esta condición puede llegar a manifestarse a través de una crisis nerviosa, ansiedad o depresión, etc. Es decir, esto ocurre cuando las emociones rebasan los límites, y en este sentido, las consecuencias pueden afectar de manera permanente. Si quieres saber qué hacer en estas circunstancias, continúa leyendo.
Desborde emocional: qué hacer para evitar que la ira condicione nuestro comportamiento
Aunque no los creas, la ira puede desembocar en situaciones caóticas. La gestión adecuada de las emociones poco placenteras es parte de las acciones que más aportan a la calidad de vida. Esto significa, que es una cuestión imprescindible para que puedas evitar afectar la relación con tu entorno, la fisiología y la biología de tu organismo. Recuerda que cada emoción es producto del un conjunto significativo de cogniciones, percepciones y creencias, por lo tanto, canalizarlas a tiempo te permitirá contrarrestar alteraciones en la salud mental.
La intensidad de la rabia
La rabia está considerada una de las emociones displacenteras que se experimenta en varios grados de intensidad. Los estímulos que pueden propiciar esta emoción son diversos, pero guardan relación con la forma en la que interpretas las dinámicas en los entornos donde te desenvuelves. Aunque su función es adaptativa, está relacionada con las explosiones de cólera y agresividad. Esto tiene que ver con el fenómeno fisiológico que se produce, en el que algunas hormonas y neurotransmisores influyen, negativamente, en el funcionamiento del sistema nervioso.
En personas que padecen trastorno límite de la personalidad, la rabia puede, fácilmente, tomar el control de su comportamiento. Esto se debe a que los patrones emocionales suelen ser inestables. Por lo tanto, el individuo tiende a dejarse llevar por las mismas, ejerciendo acciones impulsivas. La susceptibilidad a la rabia se manifiesta, sobre todo, en situaciones de estrés. Asimismo, sentir emociones no placenteras de forma prolongada, propician que ocurra el llamado secuestro amigdalino, desembocando comportamientos o conductas poco racionales.
¿Cómo saber que experimentas un desborde emocional?
Un primer indicio del desbordamiento emocional, es sentirse aprisionado en el problema. Esta posición es claramente identificable cuando tus pensamientos giran alrededor del mismo, posicionándose en el punto de vista más negativo. Es decir, el cerebro pierde la capacidad de razonar y de considerar otras perspectivas en torno al conflicto en el que se encuentra inmerso, debido a que el sistema límbico prevalece sobre la parte racional del mismo (neocórtex). A nivel fisiológico, se experimenta un incremento del ritmo cardíaco, la presión arterial y se produce mayor sudoración.
¿De qué manera puedes proceder?
El éxito, la productividad y el bienestar, dependen en gran medida de una interacción sana con el entorno y el manejo efectivo de las emociones. Trabajar en el fortalecimiento de la inteligencia emocional es necesario. Un primer paso es identificar esos pensamientos que te producen la rabia y evita creer que eso que piensas es la verdad absoluta. Permítete pasar un tiempo contigo mismo para abordar lo que estás sintiendo. Busca alguna técnica de relajación, mediante la respiración, que te permita mantener la calma u otra estrategia con la que puedas canalizar la rabia. Seguidamente, pide ayuda psicológica.
La solicitud de ayuda profesional es un gran paso si se quiere tener mayor control de uno mismo, sobre todo en situaciones de apremio. Para evitar el desborde emocional, no hay un manual único que te guíe en esa dirección. Sin embargo, existen distintas técnicas y tratamientos que te permitirán desarrollar la capacidad de autorregulación. Con el apoyo de un especialista, puedes trabajar en el componente subjetivo de las emociones, el conductual y el emocional, de manera que logres modificar la forma en la que actúas frente a los problemas. Asimismo, para que adoptes las estrategias más adecuadas que te permitan gestionar positivamente los pensamientos negativos.
El desborde emocional es una situación límite en la que arriesgas tu integridad y la de quienes te rodean. Si tu dinámica de vida actual estimula emociones intensas, no dudes en buscar apoyo profesional. Los especialistas en salud mental pueden ayudarte a canalizar la rabia para que puedas mantener el control.